La manzanilla, una hierba relajante

La manzanilla es una planta que crece cerca al suelo, sus hojas son grisáceas, segmentadas y similares a plumas. Tiene pequeñas flores, que parecen margaritas miniaturas. Esta hierba ha sido conocida y apreciada desde hace miles de años por muchas culturas.

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Conocida como maythen, se cuenta que era una de las nueve hierbas sagradas de los Sajones (antiguas tribus germánicas).

Su nombre en inglés, chamomile, viene del griego chamai que significa ‘en el suelo’ y melón, que significa ‘manzana’, o sea ‘manzana de suelo’. Su infusión es tomada no solamente en el ámbito social sino también en el de la salud. Los antiguos Egipcios, quienes preparaban con ella un té fuerte para aliviar la fiebre y los escalofríos que acompañan la malaria, le tenían tanto aprecio que la incluían en sus ofrendas a los dioses. Los antiguos Romanos la valoraban como remedio para el dolor de cabeza y los problemas de vejiga, hígado y riñones. En Europa se utilizaba para calmar el dolor muscular, el cansancio y el malestar por la presencia de piedras en los riñones.

En Perú, San Martín de Porres la recogía en el bosque de Limatambo y preparaba con ella infusiones curativas para tratar a los enfermos pobres. Cuentan las crónicas que la manzanilla era la planta favorita del Santo.

Dentro de los beneficios que se le atribuyen, se destacan que ayuda a dormir, reduce el estrés y los espasmos, relaja, alivia los dolores musculares, apacigua los cólicos menstruales y abdominales, mitiga los dolores de artritis, disminuye la inflamación y combate las infecciones de la vejiga. También se dice que sobre la piel actúa como antiséptico, antibacterial y remedio para el tratamiento de quemaduras.

Se recomienda especialmente para personas que sufren de estrés y problemas asociados, tales como irritabilidad, ansiedad, etc.

 

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